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Reflexiones de clase: Afrontando el cambio climático

El cambio climático es más real de lo que se había pensado. Douglas Kysar, Profesor de la Escuela de Leyes de Yale, delibera sobre la escala de los desafíos causados por el cambio climático y sobre las acciones que nos ayudarían a solucionarlo. Ver video.


 

TRANSCRIPCIÓN (See the original English-language version.)  

Reflexiones de clase: Afrontando el cambio climático

Kysar: Cuando enseño cambio climático, al empezar la clase digo que existen dos rótulos muy comunes que explican casi el noventa y nueve por ciento de la política sobre cambio climático. Uno de esos rótulos es lo que yo llamo “la coartada consecuencialista”.

Básicamente, esta indica que no importa si es que uno hace algo o no. Esto es lo que USA ha venido diciendo por 20 años: Aún si reducimos nuestras emisiones, no se logrará nada, porque China, India y Brasil seguirán emitiendo en cantidad, la Tierra de todas formas arderá, y bien podríamos arder con ella. Esa es la lógica de la posición de USA durante los últimos 25 años.

El otro rótulo es lo que yo llamo “el principio Gandhi”. Gandhi dijo “tienes que ser el cambio que quieres ver en el mundo”, aún si ello significa…Han estudiado todos el dilema del prisionero en economía del comportamiento y teoría de juegos? Nos preocupamos por la paga del primo. Tratamos de cooperar; tratamos de hacer lo correcto. Y luego la otra persona no coopera.

Gandhi dijo: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”; yo a menudo muestro en clase una imagen de las posesiones que Gandhi tuvo al morir: Un par de zapatos, un bastón para caminar, un libro, y un par de lentes. Eso es todo; esas fueron todas sus pertenencias.

Ahora bien; podemos esperar que las siete billones de personas de este planeta emulen a Gandhi? Yo pienso que eso no es una receta exitosa de reforma política; eso es pedir mucho de la naturaleza humana. Así que, permítanme mostrar más piezas del rompecabezas antes de que hablemos sobre… (por cierto, solucionaremos todo hoy antes de las 10:30).

Respecto de la dinámica política global, existe una gran división entre países en desarrollo y países desarrollados; estas etiquetas tienen cada vez menos coherencia, pero aún son bastante utilizadas. Desde 1990 hasta 2010, se observa una disminución de emisiones entre los países identificados como desarrollados, y se observa un rápido incremento  entre los identificados como subdesarrollados.

Sin embargo, debemos distinguir entre producción y consumo, porque la manera típica en que medimos emisiones considera lo territorial: Quién está quemando qué dentro de su jurisdicción nacional. Pero muchas de las emisiones en China ocurren para producir objetos para vender a Wal-Mart para vender aquí, en New Haven.

Entonces, si uno evalúa la situación en términos de los beneficios de la combustión consumida por una población, la disparidad luce menos acentuada. Debido a que, básicamente, gran parte de la producción contaminante de los países ricos se externaliza a países en vías de desarrollo. Y por ello China, India, Brasil y otros países con justa razón preguntan por qué han de afrontar impuestos o sanciones por las emisiones que van a alimentar a su… ustedes entienden…

Tratamos de imaginar que eventualmente habrá un regulador global. Pero no tenemos un gobierno global; tenemos190 gobiernos nacionales independientes. Y aun si hubiese un sistema de tope y compraventa de permisos de emisiones que tratemos de integrar en las finanzas globales  (constituyendo básicamente una nueva moneda), aun si tratáramos de hacer eso, tendríamos que definir tasas de tipo de cambio-tendríamos que decidir si todos los permisos serán considerados una tonelada de carbón o un equivalente en función del tipo de gas…Eso sería un instrumento financiero.

Pero luego habría que averiguar si el valor de un permiso Europeo es similar a un permiso nuestro o al de un permiso de Indonesia. Y luego habría que prestar atención a cuán ajustado es el esquema regulatorio: Cuánto valor representa esa tonelada, porque… básicamente, al hablar de tope y compraventa, la pregunta principal es cuán estricto es el tope. Cuantas toneladas anuales se permiten dentro de los límites; eso es lo que determina el valor de un permiso–su rigurosidad.

Esencialmente, hablamos del principio de escasez. Necesitamos instituciones que guarden proporción con la escala del problema. Una forma de acelerar el progreso al respecto es mediante embargos comerciales y mediante instrumentos que funcionen en ese nexo comercial, porque al considerar la forma en la que las naciones se interrelacionan, se observa que, por un lado, están conectadas a través de vínculos ecológicos: eso es de lo que hemos estado hablando-contaminación del aire, corrientes oceánicas, y todos estos fenómenos naturales que nos unen.

Y, por otro lado, están unidas por una economía global. Así que trabajar ese nexo económico global es la clave para gradualmente avanzar hacia un aparato regulatorio más robusto a nivel internacional.

Muchos politólogos, muchos diplomáticos y muchas personas opinan que deberíamos dejar de apuntar hacia el mega-tratado de 190 naciones y más bien apuntar a clubes de países importantes: Que USA y la EU dialoguen con China e India, y que el resto de países se mantenga al margen.

Ahora bien, eso tiene sentido desde una perspectiva pragmática, ya que, para tener una política climática robusta, sólo se necesita a los 20 o 25 responsables principales.

El problema es que, luego, Palau, que Max y yo estudiamos el Semestre pasado, y que posee alrededor de 25,000 habitantes, se quedaría, como nación, fuera de las negociaciones. Y ellos tienen una razón justa para decir: “Hey, somos de los menos responsables por este problema y también de los más vulnerables frente a él. Van ustedes simplemente a dejarnos al margen e ignorarnos como si fuésemos moscas en sus parabrisas?”

Esa dinámica ocurre a nivel global y es parte de las razones por las cuales desde 1992, año en que se firmó el tratado climático, no hemos conseguido absolutamente nada.

Y para complicar las cosas un poco más, el aspecto crucial de esto es que los científicos han identificado una serie de escenarios que consideran teóricamente posibles; cada vez están obteniendo más evidencia observacional de que los cambios ya están ocurriendo.

Dado que es muy difícil estimar puntualmente su probabilidad de ocurrencia, se hace muy difícil incluir tales escenarios en análisis de costo-beneficio. Pero si algo como el Bosque Amazónico cayera en un estado de equilibrio distinto, no sólo perderíamos acres de bosque tropical cada año a velocidad lineal, sino que además todo el sistema no tendría el nivel de humedad que requiere para estar estable, y todo se marchitaría rápidamente –los bosques simplemente morirían por doquier. La cantidad de carbono que se liberaría en la Amazonia sería equivalente a 50 años de emisiones humanas, y todas ocurrirían de un día para otro- o, más bien, bastante rápido.

Ocurriría lo mismo con el deshielo de los casquetes polares – la liberación de metano del suelo congelado y de depósitos de hidratos de metano del Ártico. Y en realidad ya estamos empezando a ver esto. Estamos empezando a observar que el metano que ha estado congelado y estabilizado en el Ártico está siendo liberado, y que la cantidad de metano por liberar es fenomenal: es superior por órdenes de magnitud a cualquier cosa que hayamos hecho desde la industrialización.

Y los científicos se preocupan muchísimo por estos escenarios sin retorno, pero ya que no podemos decir que tan probable es que ocurran, esencialmente no podemos valorarlos puntualmente ni incorporarlos en nuestros análisis de costo-beneficio.

Luego, he aquí un resumen de nuestros problemas: Necesitamos amplia participación: Necesitamos que muchos países participen, y necesitamos que se involucren cabalmente. Necesitamos que gestionen cambios extraordinariamente significativos. Las contribuciones históricas han sido desiguales, lo cual complica los aspectos éticos y políticos de esta conversación. Los niveles de desarrollo de los países son desiguales, lo cual nuevamente complícalos diálogos sobre donde debería ocurrir la mayoría de reducciones.

Los costos y beneficios no se distribuirán equitativamente: lugares como África Subsahariana sufrirán costos sin ver casi ningún beneficio; algunas partes de Canadá y Rusia experimentarán beneficios en agricultura. Así que, pensar en cómo se distribuirán esos costos y beneficios nuevamente complica, bajo la perspectiva de la teoría de juegos, las negociaciones sobre quién reducirá, quién no, y bajo qué términos.

Estamos implicando a actividades económicas fundamentales: básicamente estamos implicando a los cimientos dela civilización moderna, y necesitamos transformaciones en todas estas actividades.

No existen suficientes sustitutos accesibles y confiables: Las fuentes de energía renovable aún tienden a ser intermitentes y poco fiables; no pueden reemplazar a la capacidad instalada.

La ciencia es compleja e incierta, lo cual complica enormemente las comunicaciones al público. Es una lástima, pero tal vez tengamos que esperar que ocurran más sufrimiento y devastación como los del huracán Sandy antes de que todo cale en la conciencia pública lo suficiente como para generar tracción política.

Dado que casi todo lo que hacemos contribuye al cambio climático, tenemos mucho espacio para decidir cómo afrontaremos el problema hasta darle solución: No tenemos un enfoque regulatorio preciso, a diferencia de lo que ocurrió con el ozono: En ese caso, encontramos que había un puñado de químicos que estaban causando un agujero en la capa de ozono, el cual hubiese causado millones de muertes por cancera la piel si no era confrontado. En ese caso tuvimos un problema definido al detalle, y encontramos una solución precisa.

En el caso actual, estamos hablando de cómo rediseñar el modo de vida de la humanidad. Y es difícil generar aceptación en esa conversación.

Hasta ahora, no creo que tengamos teorías sobre la moral adecuadas: Me parece que, al hablar del comportamiento y de las responsabilidades humanas, deberíamos ir más allá del principio de Gandhi y del dilema del prisionero. Sin embargo, todos pensamos de modo muy individualista y monetario; nos importa más… ir de compras a Wal-Mart– correcto?

Es muy difícil persuadir a las personas de que se preocupen por lo que podría ocurrirle la gente en el 2100 o 2200.

Yo analizo estructuras, leyes e instituciones, y deseo reformarlas. Por ejemplo, si transformara la matriz energética o nuestro sistema de transporte, el comportamiento de la gente tendrá que cambiar. Así, no necesitaría persuadir de que es correcto cambiar. La gente tendría que adaptarse si es que se promulgaran impuestos a la gasolina: Optar por una serie de vehículos más eficientes u optar por transporte público.

Yo busco transformar mediante políticas; así pensamos abogados y economistas. Si eres un activista – si deseas hacer cambiar a la gente desde adentro, necesitas persuadirlos moralmente de que se preocupen por las futuras generaciones, y de que, para expresar ese valor, se priven de varias cosas en su vida diaria. Yo soy bastante pesimista sobre la naturaleza humana, y no pienso de ese modo.

Pero las personas me indican que están preocupadas y me preguntan qué pueden hacer; se preguntan si deberían cambiar sus bombillas o si deberían sustituir papeles por plásticos… Y esas cosas simplemente son irrelevantes – o mejor dicho, buenas prácticas que expresan un valor, pero que no tienen gran impacto.

Ambientalmente hablando, el mayor impacto que se pueda tener se reduce, en primer lugar, al número de hijos; en segundo lugar, al tipo de vivienda en que se vive – es multiuso? Es eficiente? es como la casa de 7000 pies cuadrados de Al Gore?; y, en tercer lugar, a la forma como uno se transporta. Eso es todo.

Traducción por: 

 

Joseph M. Field '55 Professor of Law, Yale Law School